La mañana amaneció tranquila en la mansión Smith. El sol entraba a través de las cortinas de encaje, iluminando con un brillo cálido las paredes claras de la habitación de Nara. Ella estaba sentada frente a su tocador, cepillando su largo cabello con una paciencia que solo reflejaba la importancia que le daba a ese día. No era un día cualquiera: iba a visitar junto a su madre las tiendas más exclusivas para probar vestidos de novia, y luego pasarían al bufete donde se probaría el banquete de la