88. Déjame ir
El aire en la sala de la fiesta de Gala era un torbellino de risas y música, pero todo se desvaneció en un instante. Justo cuando Giovanni se inclinó hacia mí, sus labios a un suspiro de los míos, el retumbar de disparos rompió la burbuja que habia entre nosotros. El sonido era espantoso y, en un parpadeo, siento sus fuertes manos en mi cuello, sujetándome con fuerza.
—¡No! —gimoteo sin poder evitarlo, la adrenalina disparándose en mis venas. Aunque intente escapar su fuerza me retuvo.
Giovann