Estaba sentada delante de la televisión, acariciando mi vientre abultado, sintiendo cada pequeño movimiento de mi bebé. La luz parpadeante de la pantalla iluminaba la habitación, y la voz grave del presentador llenaba el aire con una noticia que, a pesar de lo impactante, me dejaba la mente en blanco. Hablaban de un grupo criminal, de tiroteos y enfrentamientos, de muertes. A medida que se desarrollaba la historia, el nombre de Derek Montenegro resonaba en mis oídos como un eco lejano. Se señala
J.M.Rose
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