••Narra Evangeline••
Un cosquilleo se adueñó de mi mejilla, calentando la zona. Mis párpados se abrieron lentamente, pesados, saliendo de la oscuridad.
Esa sensación… era deliciosa. Con un olor particular, masculino, amaderado, fuerte. Un aroma que conocía muy bien.
—Cipriano… —susurré, con la voz gastada de sueño.
Tras parpadear repetidas veces, mis ojos se enfocaron, encontrándome con unos ojos dorados que me observaba desde su posición.
«¡Mierda, si era Cipriano!»
El sueño se me es