Cipriano estaba en la puerta, luciendo un traje tan negro como la noche, su rostro endurecido, sus ojos… sus ojos echaban fuego. Miraba a Enzo, miraba su mano que aún estaba cerca de mi rostro, miraba la distancia entre nosotros y en su expresión había algo que me recordaba lo ocurrido en su club cuando miró al infiltrado con gesto asesino.
—Enzo, aléjate de ella —Su voz no fue más que un gruñido, su mandíbula apretada.
El hombre amenazante levantó las manos, dando un paso atrás. Su rostro s