Empujé la cuchara con más fuerza, sintiendo como esta se doblaba en la cerradura, pero no desistí. Los días habían pasado y mi única visita ha sido la odiosa mujer que trae la comida, que por cierto, ya ni siquiera me saludaba. Le he intentado hablar y no responde. Es como un robot. Deja la comida, ropa limpia, se asegura de que tenga todos los productos de aseo personal y se marcha.
En esta habitación no había hora, televisión, ni siquiera un espejo para hablar conmigo misma. Me querían volve