El disparo resonó en la habitación, por encima de la música, de las risas. Y la bala… terminó en el techo. No en la zona VIP, ni en el cuerpo de Silvia.
La música se detuvo, la gente gritó, todos comenzaron a correr, evitándome, formándose un caos en el entorno.
Una mano se había cerrado alrededor de mi muñeca, desviando el tiro. Mis ojos fueron al intruso, preparada para pelear con mi último aliento si eso significaba matar a esa mujer, hacer para a su familia. Pero me paralicé al notar los