El corazón me latía con una fuerza abismal mientras cruzábamos el club, esquivando mesas y miradas por igual, hasta que me introdujo a una habitación en el fondo del club.
Era un espacio reservado, con los mismos tonos rojos y oscuros del club. Había una cama roja en el fondo con un gran espejo en el techo, reflejando las cobijas. Una butaca del mismo color que se extendía a lo largo del lugar con algunas barras de pole dance repartidas, separadas con al menos dos metros de distancia.
Escuché