Podía escuchar mi pulso latiendo fuertemente en mis muñecas, en mis oídos.
Esta era mi primera cita real, mi primera cita donde un profesional confirmaría mi embarazo. Sin estar encerrada en un baño, sin pruebas caseras que debían ser arrojadas a la papeleras y ocultadas bajo grandes cantidades de papel higiénico y… sin riesgo. Ya no había nadie detrás de mí, ni Silvia, ni los Moretti. Ni…
Negué con la cabeza, incapaz de mencionar el otro nombre.
Respiré profundo, tratando de calmarme a mí