••Narra Evangeline••
Al poner un pie en el apartamento que me entregó Cipriano, pude sentir el lujo, la distinción y sobre todo, el silencio.
Era la primera vez que tenía algo a mi nombre, pero en realidad se sentía como si no fuera dueña de nada más que de mi propio silencio.
El apartamento era hermoso. Eso era lo peor.
Las paredes blancas, los suelos de madera clara, los ventanales que daban a una pequeña plaza arbolada. Una cocina moderna, un salón amplio, dos habitaciones vacías. Demasiad