Un hormigueo desagradable subió desde la punta de mis dedos hasta mi pecho, sintiendo como si parte de mi cuerpo se dormía. Pero yo sabía que no era así, que podía moverme… por los momentos.
Busqué entre la multitud el cabello negro azabache de Silvia, pero no lo encontré. ¡Fue ella! ¡Ella hizo esto! Esa bebida… debía tener avellana.
La copa de resbaló de mi mano, cayendo suelo, rompiéndose a mis pies. El líquido morado salpicando mis tacones, el perfecto vestido del que tanto me enorgullecía