Se quedó paralizado, sintiendo como las piernas le flaqueaban.
Muchas dudas lo asaltaron en ese momento.
El sonido de la campana fue lo único que lo despertó de su letargo profundo de miedos y verdades, las que se enfrentaban con fiereza tras la confesión de Javier.
No le quedó de otra que caminar, porque tenía que dictar clases. Lo hizo por obligación, porque no podía darse el lujo de abandonar todo e irse al demonio.
No podía abandonar a sus estudiantes, su trabajo, su empleo.
Los sentimie