Abigaíl estaba cansada de ser la segunda opción.
Era la segunda opción de los hombres, de su madre, incluso de sí misma.
Se marchó por las calles frías, con el mentón en alto, sintiéndose y por primera vez, orgullosa de sí misma, de ese primer acto de amor y valor.
Nunca fue consiente de cuanto valía hasta ese segundo.
A Simone no le quedó de otra que regresar. Cuando Oliver la vio sola, se quedó perplejo.
—¡¿Y qué pasó?! —preguntó alterado.
—Se fue.
Simona tenía una boba sonrisa dibujada