Cuando regresaron a la zona Universitaria, cómplices de todo aquello que habían vivido, Abigaíl decidió que bajaría antes y que caminaría como siempre solía hacer, hasta la sede principal, donde la primera clase del día esperaba a por ella.
Antes de poner un pie fuera del coche del profesor, el hombre se encargó de disfrutar de sus besos y de su cuerpo; se grabó cada aroma que sintió en cada caricia y contacto que se dedicaron encerrados en su mundo pasional, que cada vez se convertía en uno má