Un par de golpecitos lo obligaron a abrir los ojos de golpe y cuando descubrió que no estaba en su dormitorio, ni en su casa, se levantó espantado de la cama.
Le tomó unos instantes entender que había pasado la noche con su alumna.
Abigaíl seguía dormida a su lado, un tanto confundida por la actitud agitada del hombre y malhumorada por haberse despertado tan temprano.
Palmeó la mesita de noche a su lado y miró la hora en su teléfono móvil. Gruñó al ver que la alarma aún no se activaba y se des