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No pudieron quedarse quietos. Disfrutaron de la privacidad que los hermanos de Abigaíl les ofrecieron y se besaron descaradamente en la cocina.

Abigaíl se dejó llevar. Nunca se había sentido tan contenida entre los brazos de un hombre.

Era el primer hombre que la tocaba así, con tanta delicadeza y paciencia que no podía evitar desear entregarse a él en todos los sentidos.

Tuvieron un encuentro de piel, por supuesto, no pudieron contenerse. Siempre que estaban juntos, se dejaban llevar por la l
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