—¡Oliver, te estaba buscando por todas partes! —exclamó el Decano y con una sonrisa caminó hacia él.
Oliver suspiró aliviado al entrever que sus pesadillas no se habían convertido en realidad y con premura escondió la braga que aun aferraba en su puño.
La metió en el bolsillo de su pantalón, con disimulo.
El profesor especuló que todo había terminado.
Oliver hizo un amago para decir algo, para saludar y hacer una broma divertida, pero el hombre se le adelantó:
—Oliver, la junta directiva aprobó