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Oliver gruñó cuando se quitó las bragas de la cara y las escondió en su puño.

La cara se le puso roja producto de la ira y una desesperación nació desde el fondo de su barriga.

Por otro lado, Victoria no se quedó atrás. Se sentía una estúpida, atrapada en un juego cruel. Se agitó con notoriedad y el pecho le subió y bajo con apuro, mostrándola alterada, rabiosa, grotesca.

Un arrebato desconocido la invadió y se atrevió a golpearlo en la cara, una y otra vez.

A Oliver, sus golpes lo pillaron d
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