Oliver disimuló que todo estaba bien y cerró la puerta de entrada de su casa con una tonta sonrisa en la cara, una mueca de la que no fue consciente.
Simona le estaba esperando, con esa mueca divertida a la que él no tenía ganas de enfrentarse; ¿qué iba a decirle? ¿Qué había dormido con su alumna? Eso no estaba bien.
Tenía resaca y sueño; no estaba animoso como para recibir un discurso de adulto responsable.
Intentó evitarla, pero Simona tenía una mirada insistente a la que el no pudo hacer la