P.O.V. Tania.
Me encuentro satisfecha, feliz y sintiéndome muy orgullosa de mi misma al oír cómo a través de la línea mi tía ha caído desmayada, o eso creo porque se escuche un fuerte golpe acompañado del grito de su esposo.
—¡Tío! —lo llamó fingiendo preocupación, pero nadie me contesta—. Tío —vuelvo a llamarlo, pero nada hasta que empiezo a oír a través de la línea la respiración agitada de alguien.
—Gracias, Tani, por avisarnos de lo que pasa, pero tengo que dejarte; mi esposa se aca