No quiero hablar con esa maldita rubia falsa, zorra despreciable, pero al oír que es algo de mi madre y debido al terrible sueño que tuve, me convence.
—En un momento regreso —le digo a la madre de Adriano.
—Está bien, aquí te espero, querida —me responde la mujer con una voz muy amable.
Me traslado hasta llegar a la sala donde veo el teléfono encima de la mesa, me acerco hasta tomarlo en mi mano y colocarlo en mi oído. Espero un momento antes de hablar y cuando estoy lista empiezo…
—E