Me pasé la noche en vela pensando en todos los peores escenarios que le pudieron pasar a mi hija. Le marqué a su teléfono, pero está apagado y eso solo ocasiona que mis nervios se hagan cada vez más fuertes y mi desesperación crezca cada vez más.
—Cariño, descansa y ya deja de morderte las uñas porque a este paso te vas a comer hasta la cutícula —me habla mi esposo. Al oír lo que me ha dicho, miro mis uñas que están totalmente roídas y en mal estado.
—No puedo hacerlo, cariño, no dejo de