(Meses después)
El tiempo ha pasado volando; la luna de miel fue muy agradable, aunque no del todo candente como quería debido al embarazo.
Aunque ahora no tengo cabeza para pensar en eso, ya que las contracciones han empezado y, debido a sus enemigos de Adriano, tengo que parir en la casa para no correr ningún riesgo.
Intento mantener la calma; sin embargo, no puedo decir lo mismo de mi esposo. Que camina de un lado a otro.
—¡Max, dónde está el doctor! —grita con fuerza y sus gritos me alter