DALTON
La imagen de Lía enfrentando a Elías era como ver a una reina en su trono, intocable, poderosa, y juro que me sentí el hombre más afortunado y, a la vez, el más obsesionado de todo el edificio. No sé cómo pude regresar a mi oficina sin levantarla en brazos y girarla como en las películas. Mi corazón latía tan rápido que temí que alguien más pudiera oírlo. El deseo de marcar territorio, de dejar claro quién era el único hombre autorizado para acercarse a ella, estaba grabado en cada fibra