DALTON
Despertar con Lía a mi lado fue como ganar la maldita lotería sin haber comprado el boleto. La luz se colaba apenas entre las cortinas del hotel, iluminando su piel desnuda y haciendo que todo en mi mundo se redujera a ese instante, a la manera en la que su cabello caía desordenado sobre la almohada y a la sensación cálida de sus piernas enredadas con las mías. Era demasiado perfecta, demasiado real, demasiado mía.
No aguanté ni cinco segundos sin tocarla. Me deslicé hacia ella, besando