LÍA
Haberme comido a mi jefe, no había estado en mis planes, mucho menos en uno donde iba a terminar siendo una esposa falsa, con un sexi y carismático hombre, con un miemb**ro enorme, y que lo sabía utilizar muy bien debajo de las sábanas. Madre mía, me había dormido entre sus brazos pensando cuándo sería la próxima vez que me tocaría.
Porque sí, lo quería dentro de mí de nuevo.
La habitación se volvió nuestro refugio, una burbuja de calor y deseo, donde las paredes parecían derretirse alred