DALTON
El día transcurrió como cualquier otro para quienes me rodeaban. En la oficina, me aseguré de reforzar mi papel de jefe insufrible. Una orden lanzada con desdén aquí, un comentario cortante allá; la rutina perfecta para que nadie sospechara lo que realmente estaba sucediendo detrás de mi fachada. Cuanto más hostil era, más convencidos quedaban de que estaba sumido en mi propio infierno personal. La excusa perfecta.
En realidad, la fachada me permitía ganar tiempo, y para que John Douglas