LÍA
Tenía que irme de ahí, y por estar alerta, durante toda la noche fue imposible no permanecer despierta ¿Qué debía hacer? Faltaban tres días para recibir mi quincena, y los escasos ahorros que tenía como repartidora se habían esfumado con las sopas instantáneas y las galletas saladas que comía con un té de manzanilla por las noches.
Suspiré frustrada ¿Y si me conseguía a un novio rico? Negué con la cabeza al imaginarme a un señor gordo y casado rondando por mí. No, no era una opción. Me estab