LÍA
El Audi de Diego rugía suave bajo mis manos temblorosas mientras avanzaba por la avenida principal de la ciudad. Las luces parpadeaban sobre el parabrisas, cada faro era como un latido más del miedo que se me anudaba en el pecho. No podía dejar de mirar por el retrovisor, convencida de que algún auto oscuro me seguía, aunque cada vez que giraba solo veía el tráfico de la ciudad, tan indiferente a mi paranoia como a la vida de cualquier otro.
No me quería casar con Jonh Douglas. Quería estar