DALTON
Cuando crucé el pasillo, todo mi cuerpo era rabia. Mi Lía, rota debajo del escritorio, temblando, tragándose el llanto para no asustarme más, pero verla así me partió el alma. Era una imagen que jamás me iba a perdonar. El mundo podía venirse abajo, pero nadie iba a quedar impune después de tocar a la única mujer que me devolvió la vida.
No sabía qué era lo que había pasado, pero verlas así de derrumbada y tan vulnerable, fue una de las peores pesadillas de mi vida. Ya no estaba sola, y