DALTON
El salón de eventos quedó atrás, pero la adrenalina todavía me recorría el cuerpo. Lía caminaba a mi lado, con los hombros erguidos y una chispa renovada en los ojos, aunque intentaba fingir seriedad. Sabía que por dentro quería saltar y abrazarme, pero era tan digna que prefirió morderse el labio y asentir cuando le pedí que me esperara en la oficina.
— Te veo en mi despacho en cinco minutos, corazón, ¿sí? —Le susurré al oído, asegurándome de que todo el mundo escuchara el tono posesivo