LÍA
Despertar con el corazón acelerado, porque tan solo abrir los ojos y descubrir que el sueño que tuviste con tu jefe sí fue realidad, era una de las cosas que menos me esperaba en la vida.
El amanecer se coló por los ventanales como una burla. Ese azul pálido que pinta la ciudad antes de que el caos despierte, ese silencio que te deja sola con tu verdad. Me levanté del sillón con el cuello adolorido, la espalda como si hubiera dormido sobre grava, y el corazón hecho un nudo.
El saco.
Su saco,