DALTON
Lía entrecerró los ojos. Sentí el momento exacto en el que su lengua afilada se desenvainaba como katana japonesa. Y yo, como idiota que soy, la provoqué, pero es que no podía evitarlo, me estaba volviendo loco su frialdad. Extrañaba a la chica sarcástica de lengua viperina y una coquetería excesiva.
— ¿Perdón? —Su voz era baja, peligrosamente controlada— ¿“Fui”? O sea que sí hay una “una”, solo que yo no tenía el rango oficial ¿Es eso? —Alzó las cejas con cara de púdrete Dalton.
— No, no