DALTON
El archivo del fideicomiso estaba abierto frente a mí otra vez y era como una estúpida maldición. Como si mirarlo, más veces fuera a reescribirlo mágicamente. Como si cada palabra legal pudiera volverse menos absurda, si la repasaba lo suficiente. Tenía que buscar a un buen abogado para eso.
Por lo pronto seguía igual de jodido y lo único que pensaba es que mi papá, que en paz descanse, seguía siendo un dolor de cu**lo. No sería Roger Keeland si no siguiera causándome problemas aun despué