LÍA
El penthouse estaba convertido en una especie de centro de operaciones improvisado. Las tías hablaban todas al mismo tiempo, los celulares vibraban sobre la mesa de centro como si fueran tambores marcando un ritmo frenético, y yo apenas podía procesar todo lo que se estaba armando frente a mí. Cada llamada era un recuerdo desenterrado, cada voz del otro lado del teléfono traía pedazos de un pasado que hasta ahora había permanecido enterrado bajo capas de silencio.
Sin embargo, yo lo único q