LÍA
El elevador se detuvo en el último piso y, al abrirse las puertas, me sentí como si estuviera cruzando una pasarela. Solo que en lugar de flashes y aplausos, tenía un nudo en el estómago y un vestido que gritaba “impacto visual inmediato” que como buena empleada y tratando de cumplir con el contrato, había tenido mucho cuidado en elegir. Era un vestido básico de color ne**gro que se pegaba a mi cuerpo. Lo había combinado con unos aretes discretos en color dorado, y los tacones del mismo col