LÍA
“Escoge algo elegante para la cena de esta noche, y algo sexi para llevar debajo.”
Releí el mensaje unas cinco veces antes de procesar que no era una alucinación causada por falta de cafeína. No, ese mensaje era real. Dalton Keeland, el CEO arrogante con sonrisa de Dios griego, me estaba pidiendo que saliera temprano y que me comprara lencería.
Casi me voy de bruces contra el escritorio. Me golpeé la rodilla, tiré un folder y encima se me atoró el cabello con el clip del identificador. Todo