LÍA
Dalton me había llamado a su oficina luego de que hubiera aceptado ser su falsa prometida. Teníamos aún que hablar sobre ciertas reglas, pero la invitación a cenar era un primer paso de hacer formal lo que este hombre me estaba pidiendo.
— ¿Se le ofrece algo, señor Keeland? —Le pregunté a mi jefe que se encontraba parada en el ventanal viendo la vista de la ciudad. Verlo ahí me hizo darme cuenta de lo que injustamente guapo que era.
— Para esta noche, quiero que te compres algo decente —. Di