LÍA
Solo tenía una cosa que pedirle a Dalton Keeland para que yo aceptara su loca propuesta. Una sola cosa que me permitiría protegerme si las cosas, por alguna razón, se salieran de control.
Mi jefe, ca**pullo, me vio a los ojos tratando de analizarme y adivinar lo que pasaba por mi mente. Se recargó en el respaldo de su silla a manera de que se viera imponente.
— ¿Cuánto quieres, Lía? Supongo que esto tiene un precio —. Suspiró un poco resignado.
— ¿Cómo? —Parpadeé sin saber a qué se estaba re