Además, él estaba seguro de que todo terminaría por solucionarse. Se ubicó detrás de él y colocó sus manos sobre sus hombros, haciendo movimientos largos y ligeros sobre estos mismos.
—¿Qué haces?
—Masajes, así te relajas un poco y te olvidas de todo lo malo — susurró con una sonrisa descansando su dedo pulgar e índice sobre la tensa piel de su hombro, presionando y juntando poco a poco ambos dedos.
Daniel exhaló, sintiendo cómo una de sus manos se ubicaba en su espalda y la otra encima se colo