—¿Daniel? — la voz familiar lo dejó paralizado y solo acertó a recoger la camisa del suelo, abotonársela como pudo y salir apresurado hacia la puerta.
El aire se le fue de los pulmones cuando la imponente presencia de su padre apareció delante de sus ojos; los pliegues de su frente haciéndose más notorios que nunca, sus labios resecos tornándose más severos y sus ojos reluciendo con más ímpetu
—¿Qué te causa tanta gracia que tu risa resuena hasta allá afuera?
Su mirada se paseó hacia su desajus