La empujó tan solo un poco hacia el sofá sin que sus labios dejasen los suyos, mezclándose con su sabor, barriendo su cavidad con plena libertad, mientras cientos de luces estallaban en su cuerpo y en sus entusiasmadas neuronas. La sostuvo de las caderas e interrumpió el beso para subir su cuerpo hasta el fondo del sofá, recostándola sobre uno de sus extremos y trepándose para ubicarse a los costados de sus piernas. Y entonces volvió a encontrarse con sus labios esponjosos y húmedos, que lo rec