El lugar no era casualidad, aunque ninguno de los dos lo había dicho en voz alta. Era un café discreto, casi escondido entre calles que Camila rara vez transitaba, como si ambos hubieran intentado evitar cualquier rincón que les recordara lo que fueron. Aun así, cuando lo vio entrar, supo que no había distancia suficiente en el mundo capaz de borrar lo que sentía. Julián se detuvo apenas cruzó la puerta, sus ojos recorriéndola con una mezcla de culpa y necesidad contenida, como si hubiera ensay