De repente, había perdido las fuerzas para resistirse a su toque, lo deseaba demasiado, lo
deseó desde que le abrió la puerta del apartamento por mucho que lo negara. Cerró los ojos y gimió ante aquel toque que siempre la llevaba al borde del éxtasis.
A Santiago, la adrenalina le corría libre por las venas, estaba excitadísimo, con el miembro
palpitante, tenso, queriendo hundirse en ella de golpe. No quería invadirla así, pero la necesitaba más que a nada, él también se encontraba en medio de u