-No me da la gana -gritó ella también, intentando pasarle por un lado para tomar las llaves
del auto.
-Tilza era...
-¡Que te calles! -exclamó furiosa, girándose hacía él -No la nombres,¡no la nombres! - Le tapó la boca con los dedos, mirándolo a los ojos con rabia -¿Acaso no entiendes la profunda rabia, el asco, los malditos celos que me produce oírte decir su nombre? Cállate, no quiero oír nada de lo que paso entre ustedes. No quiero. -Reiteró a punto de llorar de la rabia. La desdicha la obnu