Las lágrimas empezaron a correr por las mejillas de Christina, se las apartó con fuerza, y con una inmadurez atípica respondió: «Entonces pide que me avisen para enviar flores a tu funeral». Acto seguido, bloqueó el número de Santiago para cortar la comunicación.
Segundos después, entraba su llamada, pero la desvió y apagó el teléfono. Lloró con desaforo, arrastrándose a la ducha y abriendo el grifo, se dejó caer en el piso para que el agua la empapara. Sufría como nunca, por un momento pensó