El tacto de Santiago se le hacía eléctrico, demandante, delicioso e imparable. Un escalofrío le recorrió la espalda, bajando por toda la columna, conglomerándose en su vientre bajo, ahí, en su sexo. Sintió que el orgasmo se le venía encima como una ola que iba a golpearla duro y segundos después, explotó en un clímax vertiginoso que se le extendió por las extremidades como una onda expansiva. Santiago la escuchó tomar aire con desesperación. Se ahogaba, esa era la señal inequívoca de que se es