Luego Christina deslizó los dedos por sus brazos, en un toque levísimo, dulcísimo,
que tuvo como destino sus manos. Las estudió con detenimiento, estaban sucias, se notaba que se las había lavado solo con algo de agua en pro de quitarse la mayor cantidad de suciedad, dejando el lavarlas bien, seguramente, antes de la cena. Tenían partículas de tierra entre las grietas de la piel y estaban más aperas y rasposas que de costumbre. Las acarició sosteniéndolas entre las suyas, bajo la atenta mirada