El Génesis de Obsidiana flotaba como un fragmento de noche en medio de la desolación de la flota enemiga. A su alrededor, los restos de las naves medusa se cristalizaban y se fragmentaban, convirtiéndose en una nube de escombros brillantes. Sin embargo, no había tiempo para celebrar la victoria. El fragmento de cristal que Alistair había recibido de la Reina moribunda latía sobre su pecho con una frecuencia que estaba empezando a alterar la gravedad de la nave.
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