Dos años después del Nacimiento en el Nadir...
La Ciudadela de los Ecos ya no era el mausoleo de piedra fría y silencio sepulcral que solía ser. Ahora, sus pasillos de obsidiana vibraban con una energía que desafiaba las leyes de la termodinámica. Las paredes, antes desnudas, estaban cubiertas por dibujos que no habían sido hechos con tiza o carbón, sino quemados directamente en la roca por dedos que desprendían fotones.
Alistair, a sus apenas dos años de edad, no caminaba; se desplazaba con un